Prosigo con el relato de una de las partidas de rol más divertidas de la que he sido partícipe. Si quieren leer la primera parte aquí se las dejo: La Ciudad de la Reina Araña (I).Los cuatro compañeros avistaron las murallas del puesto fronterizo ya bien entrada la noche. Las sólidas murallas de piedra de mas de treinta pies constituían la defensa perfecta para las invasiones de bárbaros, trasgos, orcos y otros humanoides que continuamente amenazan las fronteras de Narfel. La noche estaba despejada y podía observarse el sinuoso trazado de la muralla a lo largo del paso de montaña gracias a las antorchas que brillaban en lo alto de las torres principales.
- ¿No tendremos problemas para entrar ahora? - comentó el asesino, ligeramente molesto por el retraso.
- El capitán Briggan nos dio esto antes de salir - dice Aelzhas mientras saca un rollo de papiro de entre los pliegues de su chaqueta - es un salvoconducto.
- No perdamos más tiempo, ahora lo único que quiero es descansar y mañana espera otro largo día - añade Rizen.

Dejan atrás los muros y llegan al pequeño asentamiento de Paso del Heliotropo, un conjunto de casas que había prosperado gracias a las familias de los soldados que trabajaban en el muro. La villa estaba regida por un veterano de guerra de consumada experiencia Yulo Briggan, que tres días atrás les había encargado la misión de buscar el origen de varios ataques de elfos oscuros a las caravanas del otro lado del muro. Por ahora no habían conseguido nada, aunque el ataque de aquella tarde les sugería que estaban bastante cerca de su objetivo.
Tras llegar a la escena del combate Rizen sonríe. El veterano elfo había sido uno de los mejores exploradores al servicio de la Reina Bruja de Aglarond y podía ver rastros donde otros no veían nada. Sólo él podía seguir el difícil rastro de los escurridizos elfos oscuros.
- Hemos tenido bastante suerte. No ha nevado desde ayer y parece que el día seguirá despejado. Creo que podré seguir las pisadas de los drows sin demasiado problema.
Alentados por este comentario, los compañeros avanzan a paso veloz siguiendo las indicaciones del explorador y casi al pie de las montañas descubren un sendero olvidado por el que prosiguen unas cuantas millas hasta llegar a una colina donde quedan en ruinas tres elaboradas bóvedas esculpidas. Aún quedan en pie dos mausoleos que no han sido mancillados por distintos bandidos. Cubiertos por densos zarzales y coronados por hiedra seca.
Los aventureros se ven atraídos hacia unas puertas de piedra excavadas en la ladera y flanqueadas por un par de grandes estatuas de piedra que se asemejan a dos combatientes esqueléticos embutidos en armadura completa. El bardo se acerca a las estatuas y abstraído dice casi en un susurro - ... guardias de Yérgal - y volviéndose a sus compañeros, completa - Yérgal, la antigua divinidad de la muerte y protectora de las almas que entraban en el reino de los muertos. Estas ruinas son nezherinas según los grabados, tened cuidado, no sabemos qué tipo de trampas y desafíos podemos encontrarnos ahí abajo.
Celeron acarició la empuñadura de su espada y dice sonriendo - ... bueno, ¿A qué esperamos?